lunes, 2 de junio de 2014

La duda, el principal enemigo de la productividad

Más que la pereza o o la monotonía, las dudas son el peor amigo de la productividad.

Cuando te asaltan dudas sobre algo que estas haciendo, no es más que tu propio subconsciente, diciéndote que no está seguro de lo que está haciendo, o planteándose, si lo que está haciendo estará bien o no. Por lo que no te dejará continuar con tu trabajo.

Si esto te sucede, lo primero que debes hacer es convencerte a tí mismo de lo que haces y porqué lo haces.
Aunque es difícil, esto lo puedes conseguir a partir de un examen de conciencia, con las preguntas y consejos que te propongo a continuación.



¿Por qué dudo?
Debes plantearte si las dudas que tienes vienen por tus capacidades, por ejemplo si lo que estás haciendo supera realmente lo que tu puedes hacer, o por el contrario, dudas por el miedo a lo desconocido.

La mayoría de seres humanos tenemos un miedo enorme a salir de nuestra zona de confort. Si las dudas siempre te asaltan a la hora de emprender un nuevo proyecto, debes empezar a trabajar en ello.


Deja las expectativas a un lado
Otro de los problemas más grandes, es que tenemos unas expectativas excesivamente altas por algo y al ir desarrollándose el proyecto, ves que el resultado no era lo que esperabas, te deprimes y paras.

No debemos hundirnos, ni dejar de intentarlo. Debemos parar, pensar y partir de la base, que sólo es trabajo.

En ese mismo momento deberías volver al principio y preguntarte, ¿por qué estoy haciendo esto? ¿y cuál es el objetivo a alcanzar? Escribelo y tenlo presente.

No te exijas más de lo que el trabajo/estudios te pide.


Aparta de tu mente las alternativas o los riesgos
Cuantas más alternativas te aparezcan o cuanto más calcules los riesgo que corres, más te costará tomar una decisión. Y cuando la tomes, lo más probable es que te vayas hacia el camino fácil.

Por eso te propongo que las alternativas y los riesgos que te surjan, sean sólo el comienzo, la preparación para la toma de la decisión.

Pero no debes volverte loco, quédate con tu primera opción, que seguramente sea la correcta, o al menos, es la primera que pensaste.


¿Cuál es tu opinión real?
A medida que vas realizando un proyecto o un trabajo, vas adaptando criterios y decisiones ajenas.

De repente, llega un momento en el que te preguntas ¿y esto? ¿por qué lo estoy haciendo así?

En ese justo momento, debes parar, pensar en cómo lo planteaste, como lo querías llevar a cabo y los objetivos que querías lograr. Escribelo y tenlo como
guía.


Dudar es tan malo como bueno. Sólo tienes que saber cuando cortar las dudas y TOMAR LAS DECISIONES. 

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